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A raíz de la emergencia sanitaria el trabajo se trasladó en gran medida a los hogares y generó que espacios de la casa pasaran de un día para otro, a suplir la oficina, el aula, y otros ámbitos externos. La mesa del comedor se transformó en escritorio, hay disputas por la cercanía al módem para que la señal de Internet sea óptima, y en algunos casos se pasan hasta ocho horas diarias en sillas diseñadas para permanecer lo que dura un almuerzo o un juego de mesa.

 

La Ergonomía es una ciencia que se dedica a analizar lugares y puestos laborales con el objetivo de adecuarlos a las personas de acuerdo a sus capacidades, necesidades y limitaciones. Es una multidisciplina que cruza contenidos de kinesiología, psicología, seguridad e higiene y otras, para llegar al mejor nivel de eficacia, seguridad y bienestar posibles, de las y los trabajadores. Para poder brindar una serie de consejos y cuidados a tener en cuenta, el Departamento de Ingeniería Industrial de la Facultad de Ingeniería impulsó días atrás una charla virtual al respecto.


A cargo de la ingeniera Ivana Paravié, el encuentro apuntó a incentivar pequeñas modificaciones e incorporar hábitos, para lograr una armonía entre la persona, el ambiente y las condiciones de trabajo o estudio, reducir molestias físicas, la fatiga, y contribuir a una cultura de la salud. “En esta época de muchas tareas en nuestros hogares es recomendable hacer un análisis objetivo de cómo estamos trabajando, en qué ambiente laboral, con qué herramientas y cómo se puede organizar el trabajo y el estudio con la vida social familiar”, señaló la especialista.

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Aspectos a tener en cuenta

En primer lugar, hay que analizar con qué elementos se cuenta para organizar el espacio: el lugar, la altura de la mesa o escritorio, la silla, si se usa una computadora con teclado y mouse, una tablet, el celular, una notebook. “Estos elementos deben permitir que se realice el trabajo sin generar molestias musculoesqueléticas, es decir, contracturas que pueden convertirse en lesiones, dolores de cabeza, fatiga visual y bajar nuestra productividad”, advirtió Paravié.

La superficie que haga de mesa o escritorio, debe ser lo más ancha y profunda posible, por lo menos de 160 cm por 80 cm, y una altura de 72 cm; las mesas de altura regulable deben poderse regular entre 68 y 76 cm -indicó Paravié-. Además, debe ser agradable al tacto y no debe generar altos contrastes térmicos como lo hace el vidrio o metal, por eso las superficies de madera son una buena opción, y si es con cantos o bordes redondeados, mejor aún ya que se deben evitar los ángulos vivos que pueden provocar incomodidad durante el apoyo.


Otro ítem destacado es la luz: “Es importante que el lugar donde trabajamos tenga iluminación natural o iluminación artificial cercana a los 500 lux, que la temperatura sea agradable y el ruido no supere los 60 a 65 dB(A)”, explicó la docente, “estas condiciones nos permiten una mejor concentración en la tarea que estamos desarrollando”, subrayó. Se sugiere en tanto, que la superficie de trabajo sea de colores claros y suaves.

La posición en la que se desarrolla la tarea es una cuestión que marcará la diferencia. “Debemos mantener los hombros relajados, poder tener un respaldo en la zona lumbar que se puede resolver con un almohadón, el teclado a la altura de las manos y la parte superior de la pantalla unos centímetros por debajo de la altura de los ojos”, aconsejó. Para no lesionar la zona cervical, la mirada no debe apuntar ni muy arriba, ni muy abajo, algo que se puede resolver con libros o cajas que eleven la pantalla del dispositivo a utilizar. También es aconsejable hacer lo mismo con los pies, apoyarlos sobre algo ya que la posibilidad de cambiar la posición del pie mejora la circulación de la sangre en los miembros inferiores. “La realidad es que a veces naturalizamos las molestias, y podemos hacer pequeños cambios que nos van a dar beneficios importantes”, explicó durante la capacitación para más de 40 personas vía Google Meet.

 

Pausas activas

Como la tarea puede convertirse en estática es recomendable realizar las llamadas "pausas activas", que permiten cambiar o alternar la postura, por ejemplo levantarse y caminar unos pasos, hacer algunos ejercicios de elongación. Estas acciones traen aparejados beneficios que se logran con pocos minutos y con ejercicios sencillos para hacer en el lugar. Lo ideal sería que dos o tres veces durante la jornada, y a lo largo de 10 o 15 minutos, se elonguen brazos, manos y muñeca, cuello, hombros y cintura para movilizar músculos que se tensan con la actividad laboral y de esta manera evitar molestias y lesiones.

“Cuando hay algo que no funciona de manera armónica, aparecen señales de que hay cosas para corregir, si no surgen lo que en Seguridad e Higiene denominamos enfermedades profesionales”, aclaró la docente de la FIO, donde se dicta la Diplomatura en Ergonomía. “Si hay exposición prolongada y no se corrige, puede generar secuelas, que el algo completamente diferente de un accidente de trabajo que se da en un momento particular”.

Será cuestión de detectar qué cosas podemos cambiar para bien, incorporar hábitos de elongación y liberar tensiones en diferentes momentos de la jornada, prestar atención a las señales del cuerpo. Es también una forma de cuidarse.

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